Demetrio final versión hirova
- 21 abr 2025
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...Y lo cierto es que Demetrio von Hagen hizo muchísimas cosas en su tiempo personal, cosas que se cumplieron solo después en el tiempo real. Y hay muchísimas cosas que hizo y que están aún por realizarse. Por ejemplo, para el año 1954 describe un viaje al Himalaya en el cual pierde por congelación la oreja izquierda. O, sin ir tan lejos, para hoy 10 de noviembre de 1953 señala una visita a mi casa. Esto sin embargo no me ha ocurrido a mí, no ha sucedido en mi tiempo, ni en el tiempo solar. Pero aún no ha terminado el día y todo puede ocurrir. En su diario no se precisa la hora y aún no son las doce de la noche. Puede, por otra parte, haber aplazado esta visita, sin haberlo anotado en su diario. Falta solamente un minuto y confieso sentir cierta impaciencia. El cuarto de hora solar en que he escrito estas páginas me ha parecido infinitamente largo. Sin embargo, no puedo equivocarme, alguien sube las escaleras. Unos pasos se aproximan. Mi reloj marca las doce de la noche. Tocan la puerta. Demetrio ya está aquí…
¿Y si estoy soñando? me dije, mientras Romina hablaba de teatro y yo la miraba como si fuera una actriz que no interpreta sino que recuerda. El aula tenía un zumbido extraño, como si todo estuviera levemente fuera de foco. Me toqué los bolsillos: el izquierdo, vacío; el derecho, con una canica. ¿Desde cuándo cargo una canica? Me lo pregunté con la misma naturalidad absurda con que uno acepta la lluvia sin paraguas.
En el patio alguien gritaba mi nombre, pero no era mi nombre. Era otro. Un nombre que no me pertenecía, pero que reconocía como propio. Entonces volví a pensar en Demetrio, ese hombre, o reflejo, o sombra, que parecía haber sido yo o alguien dentro de mí. Oslo, Marion, Ernesto… nombres flotando en un vaso de agua tibia con eucalipto.
La campana sonó. Todos se levantaron como si supieran exactamente qué hacer. Yo me quedé sentado, mirando mis propias manos como si esperara que hicieran algo fuera de lo común. Pero no hicieron nada. Solo estaban ahí, como testigos silenciosos de una mañana que no acababa de ser real.
Y entonces lo supe: no importaba si era un sueño, si estaba despierto, si había sido Demetrio o un espejo roto. Lo cierto era que yo estaba allí, sintiendo el leve temblor de la existencia pasarme por los dedos. Nada más. Nada menos.

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